miércoles, diciembre 20, 2006

A un viejo que amaba a los gatos



Un 20 de diciembre hace 3 años tuve la última conversación con mi padre,
pasamos casi toda la tarde juntos, nos abrazamos mucho,
los médicos ya no me daban esperanzas, pero aquella tarde me fui del hospital más contenta que otra veces, lo vi feliz, nos reimos mucho, me dijo que había venido a aprender y que ya se sentía listo con sus lecciones de vida.

El 21 a las 6 de la mañana me despertó el teléfono, casi no fue necesario contestar para saber lo que venía. Besos en la frente, la expresión de paz, el calor que aun se mantenia en sus manos. Paradójicamente llegaba el verano y yo sentía que me congelaba por dentro.

Un padre sin hijos y una hija sin padre: la ecuación perfecta entre un viejo solterón y su sobrina. Aveces la vida compensa sabiamente las carencias, aveces la vida sabe entregar mejores padres que la biología.

Me doy cuenta que logré escribir esto esbozando una sonrisa, sin llorar, se van cumpliendo los ciclos, se van quemando etapas y eso es bueno.

Amigos: gracias a todos los que se han preocupado por mi problema con Air Madrid, aun no hay nada concreto, todos se lavan las manos.

A falta de lucas para verlo, hoy haré una maratón de temas de Sabina, aquí les dejo un video. Besos para tod@s.

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jueves, julio 06, 2006

Atención ...la nostalgia se escapó de la jaula


Hay que tener cuidado. La nostalgia es una fiera que aveces logra ser enjaulada. Sobrevive con las migajas que le vamos dando día a día...es lo mínimo, si no se las damos, muere, eso es lo que llaman OLVIDO.
La mía estaba en condiciones bastante buenas, no podrá decir por ahí que no la alimenté, bastaba tener un momento de soledad, quedarse un rato más de la cuenta remoloneando sola en la cama para recordar al animal salvaje que vive en la almohada y dedicarle mis pensamientos, mis recuerdos más nutritivos...incluso, cuando la ocasión lo ameritaba, un banquete de lágrimas abundantes.
Ayer la muy maldita me pilló desconcentrada, abrí la jaula, le dí sus recuerdos y suspiros matinales y me mordió la mano, nos miramos fijo ...ahí me dí cuenta que no había nada que hacer, la fiera se iba o me mataba.
Y se fué, quién sabe ahora en donde estará, en que monte estará agazapada planeando su próximo ataque.
Yo me quedé con la mano sangrando, adolorida y con el miedo de no saber qué es capaz de hacer esta nostalgia que logré mantener encerrada por algunos años pero que como buen animal salvaje, siempre quizo huir.

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